(Rebecca Rebouché)
Sigo las huellas de un lobo
es azul y es blanco
es una fosforescencia
en el centro de la noche
su pata ancha
acaricia con suavidad la nieve
se hunde
lento
en el abismo arbóreo
y yo sigo perseverando
atravieso su carrera en mi carrera
me guío por el olor y la fiebre
el calor que me prende el pecho
cuando lo imagino
cuando por fin lo veo
inerte y majestuoso
a las puertas de su reino.
Madre
háblame del día
en que me concebiste
de tu cuerpo blanco
preñado
de mi cuerpo en llamas
de tu canto
como un conjuro
para invocarme.
Madre
háblame paciente
de mi propio nacimiento
de cómo me diste a luz
en medio de la noche
de tu sangre como un reguero
de coágulo y leche
alimento
para mis depredadores
ofrenda carnal
para callarlos
y que llegara al mundo
azul y bendecida
por las estrellas.
En mi otra vida tengo
la crin hermosa de un caballo
la palabra bondad
como un augurio al cuello
un collar de huesos
para invocar el canto azul
de las ballenas.
En mi otra vida tengo
un bosque entre las manos
un deseo de infancia
estremecida
de viento
en la crin blanca
de océanos lamiendo
mi cuerpo transformado.
(diciembre 2024)